Vivir más, pero también vivir mejor: el desafío de envejecer en un Chile que cambia

Vivir más, pero también vivir mejor: el desafío de envejecer en un Chile que cambia

Llegar a los 60, 70, 80 o 90 años no significa dejar de tener proyectos, tomar decisiones o participar de la sociedad. Este 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, las cifras muestran que Chile está envejeciendo rápidamente. Desde la Geriatría, la invitación es a mirar este proceso más allá de las enfermedades y poner en el centro algo mucho más cotidiano: cómo queremos vivir a medida que pasan los años.

En Chile vivimos cada vez más años. Este 1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, la Geriatría invita a mirar el envejecimiento más allá de las enfermedades y preguntarnos cómo queremos vivir a medida que pasan los años.

Poder levantarse de la cama sin ayuda. Preparar el desayuno. Salir a comprar. Tomar una micro. Visitar a una amiga. Recordar una dirección. Elegir qué comer. Ir a buscar a un nieto al colegio. Seguir trabajando. Cuidar las plantas. Caminar por el barrio o simplemente decidir cómo organizar el propio día.

Son acciones que muchas veces parecen pequeñas, pero que hablan de algo enorme: la posibilidad de mantener nuestra autonomía y continuar haciendo aquello que le da sentido a nuestra vida.

Ese es uno de los grandes desafíos que enfrenta Chile mientras su población envejece.

Este 1 de octubre se conmemora el Día Internacional de las Personas Mayores y las cifras entregadas recientemente por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) permiten dimensionar una transformación que ya está ocurriendo.

En Chile viven actualmente 3.665.028 personas de 60 años o más, equivalentes al 19,8% de la población.

Dicho de otra manera: prácticamente una de cada cinco personas que vive en nuestro país es una persona mayor.

Pero detrás de esos 3,6 millones no existe una única manera de envejecer.

No existe una sola vejez

Hay personas de 70 años que continúan trabajando. Otras cuidan a sus nietos, viajan, hacen deporte, estudian o participan activamente de sus comunidades. Algunas viven solas y mantienen completa independencia. Otras necesitan ayuda para realizar determinadas actividades. Y hay quienes enfrentan enfermedades crónicas, fragilidad, deterioro cognitivo o situaciones de dependencia que requieren cuidados más complejos.

Incluso dos personas que tienen exactamente la misma edad pueden vivir procesos completamente distintos.

Por eso, uno de los cambios importantes que propone la geriatría es dejar de mirar únicamente el número que aparece en el carnet y comenzar a preguntarnos cómo está viviendo esa persona.

La Organización Mundial de la Salud plantea que el envejecimiento saludable no significa necesariamente vivir sin enfermedades. El foco está en desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite a las personas alcanzar bienestar durante la vejez.

En palabras simples: qué puede hacer esa persona, qué quiere seguir haciendo y qué necesita para conseguirlo.

Cuando la consulta comienza con otras preguntas

Para la geriatría, conocer una lista de diagnósticos no siempre es suficiente.

También importa saber si una persona puede caminar sin dificultad, si ha sufrido caídas, si escucha y ve adecuadamente, cómo está su memoria, qué medicamentos utiliza, cómo se alimenta, si puede realizar las actividades de su vida cotidiana y si cuenta con alguien a quien recurrir cuando necesita ayuda.

Pero también hay preguntas que parecen menos médicas y que pueden ser igualmente importantes:

¿Con quién vive? ¿Qué actividades disfruta? ¿Qué cosas quiere seguir haciendo? ¿Qué le preocupa?

Ahí aparece una de las principales características de esta especialidad: mirar a la persona antes que a la enfermedad.

La atención geriátrica busca integrar las distintas dimensiones que influyen en la salud y la calidad de vida durante el envejecimiento, considerando aspectos físicos, cognitivos, emocionales, funcionales y sociales.

Porque controlar una enfermedad es importante, pero también puede serlo que una persona pueda volver a caminar hasta la plaza, cocinar por sí misma o continuar viviendo en su casa.

Un Chile que cambió

El envejecimiento de nuestro país ha sido rápido.

En 1992, las personas de 60 años o más representaban el 9,7% de la población. Hoy alcanzan el 19,8%.

Y por primera vez, Chile tiene más personas mayores que menores de 15 años: actualmente existen 111,9 personas de 60 años o más por cada 100 menores de 15.

También estamos viviendo más.

Actualmente, 593.010 personas tienen 80 años o más. Y durante las próximas décadas este grupo seguirá creciendo.

Las proyecciones indican que las personas mayores podrían representar el 36,5% de la población chilena hacia 2050.

No se trata solamente de una estadística demográfica. Significa que nuestras familias, barrios, hospitales, centros de salud y ciudades tendrán que aprender a convivir con una sociedad cada vez más longeva.

Envejecer también puede significar necesitar a otros

La autonomía es fundamental, pero hablar de envejecimiento también implica reconocer que algunas personas necesitarán cuidados.

Las nuevas cifras muestran, además, otra realidad: cerca de 600 mil personas mayores viven en hogares constituidos por una persona mayor sola.

Vivir solo no significa necesariamente estar solo ni ser dependiente. Sin embargo, el dato obliga a preguntarnos por las redes de apoyo, los cuidados y la capacidad de nuestras comunidades para acompañar las distintas formas de envejecer.

Porque detrás de una situación de dependencia no solamente existe una persona que necesita apoyo. Muchas veces también hay una hija, un hijo, una pareja, un familiar o una persona cuidadora reorganizando su propia vida para poder acompañarla.

El envejecimiento, por tanto, no es solamente un desafío de quienes hoy tienen más de 60 años.

Es un desafío que involucra a toda la sociedad.

La edad no define a una persona

También existe otro desafío, menos visible pero igualmente importante: cambiar nuestra manera de mirar la vejez.

Pensar que una persona mayor necesariamente es frágil, dependiente, enferma o incapaz de tomar sus propias decisiones reproduce lo que se conoce como edadismo: estereotipos, prejuicios y discriminaciones basados en la edad.

Una persona no deja de tener opinión, proyectos, deseos o derecho a decidir simplemente porque cumple determinada cantidad de años.

Por eso, promover un envejecimiento digno también significa respetar la autonomía, escuchar y permitir que las propias personas mayores participen en las decisiones que afectan sus vidas.

Una medicina para una sociedad que vive más

Frente a este escenario, la geriatría adquiere una importancia cada vez mayor.

Desde la Universidad de Santiago de Chile, médicos geriatras como Carolina Guzmán, Hans Arriagada, Monserrat Suárez y Pamela Valenzuela forman parte de una especialidad que busca responder a las necesidades de una población cada vez más longeva desde una mirada integral, interdisciplinaria y centrada en las personas.

Formar especialistas capaces de enfrentar este cambio también constituye un desafío para las universidades y para el sistema público de salud.

Porque detrás de cada diagnóstico existe una historia distinta.

— Una persona que quiere seguir caminando hasta la feria.
— Alguien que quiere continuar viviendo en su casa.
— Una mujer que quiere seguir reuniéndose con sus amigas.
— Un hombre que quiere conservar la independencia para preparar su propio desayuno.
— O una familia que necesita orientación para acompañar una etapa que nunca antes había enfrentado.

Este 1 de octubre, el Día Internacional de las Personas Mayores también puede ser una oportunidad para preguntarnos qué sociedad queremos construir mientras vivimos cada vez más años.

Chile está envejeciendo.

Y quizás el gran desafío de la longevidad no sea solamente conseguir que las personas vivan más.

Es conseguir que puedan seguir viviendo una vida que sientan propia.