14 de octubre de 2025 – Dirección de Postgrado y Postítulos Facimed
Columna de opinión | El derecho de las niñas
a una salud libre de estereotipos
Por Andrea Hurtado – Especialista en temas de Género Dirección de Postgrados y Postítulos
En el marco de la conmemoración del Día de las Niñas, cabe volver a las reflexiones en torno a las problemáticas de salud específicas de las niñas. Además de la vulneración que viven en el mundo las más de 200 millones de niñas y mujeres que han sido víctimas de mutilación genital; las 650 millones de niñas y jóvenes que han contraído matrimonio antes de cumplir los 18 años; y el embarazo adolescente, que en Chile ha disminuido de acuerdo con el anuncio realizado por la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, pero que en el mundo sigue afectando a casi 1 de cada 6 mujeres jóvenes, quienes dan a luz antes de cumplir los 18 años por no tener acceso a métodos anticonceptivos o simplemente por ser víctimas de violencia sexual. Las niñas representan, además, el 86% de las nuevas infecciones por VIH entre los adolescentes.
Una atención integral con enfoque de género
Para prevenir la vulneración de sus derechos se requiere un sistema de salud que incorpore la perspectiva de género en sus atenciones y diagnósticos. Esto implica que no solo se reconozcan las diferencias biológicas específicas de cada sexo, sino que también se aborde el profundo impacto de los roles de género socialmente construidos, superando los estereotipos. Atender de forma integral significa, precisamente, garantizar los derechos de la infancia y prestar especial atención más allá de los patrones binarios tradicionales. Solo así se podrá promover un desarrollo infantil pleno, libre de mandatos culturales restrictivos que históricamente las han limitado.
Escuchar y proteger: el rol de la pediatría
En la pediatría, este camino está marcado por la incorporación de criterios de equidad y derechos para corregir las disparidades en la atención y abordar desigualdades históricas. En términos prácticos, ¿cómo hacerlo? Mediante acciones concretas que transformen la experiencia médica: adoptar un lenguaje claro y respetuoso, preguntar a las niñas y alertar sobre posibles vulneraciones, fomentar el trabajo multidisciplinar y crear espacios seguros mediante la escucha activa, donde sus voces y experiencias sean verdaderamente valoradas.
Para llegar a esto, se requiere el compromiso de quienes son profesionales médicos, pero también el diseño de políticas y programas de salud que incorporen una visión transversal de derechos, reconocimiento y oportunidades, para garantizar que todas las niñas, sin distinción, reciban una atención integral que no solo cure sus cuerpos, sino que también respete y afirme sus identidades, y que se posicione ante cualquier vulneración de derechos en su contra.
