06 de marzo de 2026 – Dirección de Postgrado y Postítulos Facimed

Columna de opinión: La salud también se construye con justicia

En la formación médica, incorporar la perspectiva de género no es un gesto simbólico: es una responsabilidad ética, formativa y sanitaria que impacta directamente en la calidad de la atención y en la justicia en salud.

En esta Dirección de Postgrado y Postítulo formamos a quienes serán especialistas, subespecialistas, académicas/os e investigadores/as en salud. Personas que mañana estarán en pabellón, en consulta, en terreno, tomando decisiones clínicas que impactan vidas. Por eso, hablar de género aquí no es un añadido discursivo. Es un asunto formativo, ético y sanitario.

Cuando hablamos de morado en medicina, hablamos de:

 

Asumir el morado como institución formadora implica revisar lo estructural. Preguntarnos, por ejemplo:

Porque la medicina no es neutra. La ciencia tampoco. Durante siglos se investigó mayoritariamente en cuerpos masculinos y se normalizó que los síntomas femeninos eran “menos confiables”. Esa herencia aún pesa en diagnósticos tardíos, en dolores desoídos, en vidas que se pierden porque no se investigó con perspectiva de género.

El 8M en una facultad de medicina no puede ser solo conmemorativo. Tiene que ser estructural. El morado no es para la foto institucional de un día. Es para el compromiso de todos los días.

A ustedes, docentes que forman a las nuevas generaciones: el morado también entra al aula cuando enseñan a mirar la salud con determinantes sociales, cuando problematizan el sesgo, cuando incorporan en sus clases ejemplos que visibilizan desigualdades.

A ustedes, estudiantes y residentes que sostienen la formación con esfuerzo y vocación: el morado también entra en cada decisión clínica, en cada trato con pacientes, en cada espacio donde puedan alzar la voz para que ninguna mujer sea invisibilizada.

A ustedes, equipo de gestión que diseña procesos y toma decisiones administrativas: el morado también entra en las políticas de conciliación, en la equidad de los equipos, en la manera en que distribuimos recursos y oportunidades.

El morado no es un color corporativo. Es una historia de lucha, dignidad y memoria. Es el recordatorio de que los derechos no se regalaron, se conquistaron. Y que todavía hay conquistas pendientes.

Por eso, esta semana, cuando nos tomemos la foto institucional con algo morado, que no sea un gesto vacío. Que sea un compromiso público. Que cada persona que integra esta comunidad sepa que el morado no se guarda el 9 de marzo. Se ejerce en cada clase, en cada turno, en cada decisión.

Porque la salud también se construye con justicia. Y esa justicia empieza por casa.

Vivi Hernández
Andrea Hurtado Q.