11 de abril de 2026 – Dirección de Postgrado y Postítulos Facimed
Parkinson: los tres pilares que ayudan a ralentizar la enfermedad
El Dr. Pedro Chaná, neurólogo e investigador de la Universidad de Santiago, explica cómo el tratamiento integral, el estilo de vida y la investigación genética están cambiando la forma de enfrentar el Parkinson.
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva, pero su evolución no es igual para todas las personas. Hoy, la evidencia muestra que combinar tratamientos médicos con cambios en el estilo de vida y avances en investigación puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.
Para comprender cómo se enfrenta actualmente esta condición, conversamos con el Dr. Pedro Chaná, quien explica que el tratamiento se entiende como un sistema integral donde varios factores deben funcionar en conjunto.
Una mesa de tres patas: el enfoque integral del tratamiento
El especialista utiliza una imagen sencilla para explicar el manejo del Parkinson: una silla o mesa de tres patas.
“Si una de estas patas falla, vamos a tener problemas en el desarrollo de la enfermedad”, señala el Dr. Chaná.
Estos tres pilares corresponden al enfoque terapéutico que permite mantener a las personas en mejores condiciones por más tiempo y ralentizar la progresión de la enfermedad. La clave, explica el Dr. Chaná, está en fortalecer cada uno de ellos, combinando tratamiento médico, hábitos saludables y acompañamiento continuo.
El objetivo no es solo tratar los síntomas, sino lograr que la evolución de la enfermedad sea lo más lenta posible, permitiendo a las personas conservar su autonomía y bienestar.
Las etapas del Parkinson: no todas se enfrentan igual
Uno de los aspectos centrales en el manejo del Parkinson es comprender que la enfermedad cambia con el tiempo.
“No es lo mismo enfrentar la enfermedad en una etapa inicial que en una etapa más avanzada”, explica el Dr. Chaná.
En las primeras fases, el foco está puesto principalmente en el autocuidado y en mantener un estilo de vida saludable. La actividad física cumple un rol fundamental, junto con la alimentación y la educación sobre la enfermedad.
En este contexto, el equipo impulsa el libro “Conviviendo con el Parkinson”, una guía orientada a entregar pautas prácticas para transitar las primeras etapas, enfatizando el rol activo de las personas en su propio tratamiento.
Ejercicio y vida saludable: una herramienta terapéutica clave
Según el Dr. Chaná, hoy existe amplio consenso sobre el impacto positivo del ejercicio en el Parkinson.
Mantenerse activo, trabajar la movilidad y fortalecer la condición física no solo ayuda a mejorar la calidad de vida, sino que también contribuye a retrasar el avance de los síntomas.
Por eso, durante las etapas iniciales, el tratamiento no se basa únicamente en medicamentos, sino en un enfoque integral que incluye hábitos cotidianos, nutrición adecuada y actividad física constante.
Tratamientos avanzados: medicamentos y cirugía
A medida que la enfermedad progresa, suelen incorporarse tratamientos farmacológicos más complejos.
El Dr. Chaná explica que actualmente existen nuevos fármacos, aunque estos son principalmente sintomáticos, es decir, ayudan a controlar las manifestaciones clínicas más que a detener el proceso biológico de fondo.
En algunos casos también puede considerarse una alternativa quirúrgica, que ha demostrado ser efectiva para ciertos pacientes.
“Afortunadamente, esta cirugía ya está incorporada en FONASA”, comenta el Dr. Chaná, aunque señala que aún existen desafíos relacionados con la oferta en el sistema público, área en la que se sigue trabajando para ampliar el acceso.
Investigación genética: el aporte desde la universidad
Además del trabajo clínico, el equipo participa activamente en investigación, especialmente en el área genética del Parkinson.
Actualmente desarrollan un proyecto asociado a la Michael J. Fox Foundation, orientado a identificar genes relacionados con la enfermedad.
El proceso consiste en ofrecer a pacientes que consultan en el centro la posibilidad de participar en estudios genéticos que permiten identificar los siete genes más comunes asociados al Parkinson —presentes en aproximadamente un 15% de las personas que viven con la enfermedad— y, al mismo tiempo, buscar nuevas variantes.
Hasta ahora, el equipo ha reclutado alrededor de 600 personas, lo que ha permitido detectar algunas particularidades en la población chilena, donde ciertos genes muestran mayor prevalencia.
El Dr. Chaná señala que la investigación continuará durante los próximos años con el objetivo de comprender mejor las características locales de la enfermedad y avanzar hacia estrategias terapéuticas más personalizadas.
Un enfoque que mira al futuro
El trabajo clínico y científico busca un objetivo común: mejorar la vida de las personas que viven con Parkinson.
La combinación de hábitos saludables, tratamientos adecuados según la etapa de la enfermedad y avances en investigación genética abre nuevas posibilidades para entender mejor su evolución y ofrecer herramientas cada vez más efectivas para enfrentarla.