22 de julio de 2025 – Dirección de Postgrado y Postítulos Facimed
Cuidar el cerebro en cada etapa: hábitos, riesgos y el rol de la neurocirugía
Este 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, bajo el lema Salud cerebral para todas las edades. Esta iniciativa busca destacar la importancia de proteger la salud del cerebro en cada etapa de la vida, reconociendo los desafíos particulares que enfrentan distintas regiones y grupos etarios en el mundo.
En este contexto, conversamos con el Dr. Víctor Hernández, neurocirujano, sobre la salud y el cuidado del cerebro desde la mirada de la neurocirugía.
La salud de nuestro cerebro depende de nosotros
Para comenzar, la pregunta es simple pero clave: ¿Estamos cuidando nuestro cerebro? La respuesta, muchas veces, es que no lo suficiente. La forma en que vivimos influye directamente en nuestra salud cerebral.
Algunas acciones cotidianas pueden tener efectos negativos en la salud cerebral, aunque a veces pasen desapercibidas:
Dormir poco: El descanso insuficiente impide que el cerebro se recupere adecuadamente. Esto puede derivar en deterioro cognitivo, pérdida de memoria y cambios de humor.
Fumar: Fumar no solo daña los pulmones. También afecta los vasos sanguíneos y genera inflamación crónica, lo que aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo. Las personas fumadoras tienen el doble de probabilidades de desarrollar demencia.
Aislamiento social: Pasar demasiado tiempo en soledad priva al cerebro de la estimulación que ofrece la interacción social, favoreciendo la depresión, la ansiedad y el riesgo de demencia.
Descuidar problemas de salud: Ignorar enfermedades crónicas, como hipertensión, depresión o diabetes, eleva el riesgo de deterioro cerebral y demencia.
Saltarse el desayuno: No desayunar reduce los niveles de azúcar y proteínas necesarios para el cerebro en las primeras horas del día.
Cubrirse la cabeza al dormir: Dormir con la cabeza tapada aumenta la concentración de dióxido de carbono, lo que afecta la oxigenación cerebral.
El estrés: un enemigo silencioso

Otro factor cotidiano que impacta directamente la salud cerebral es el estrés. ¿Puede el estrés cambiar el cerebro? La respuesta es sí, especialmente si se vuelve crónico.
El estrés prolongado provoca cambios estructurales y funcionales en el cerebro, afectando procesos cognitivos, la regulación emocional y el bienestar mental general. Cuando el estrés es constante y no se controla, se eleva de forma sostenida el cortisol, una hormona clave para el equilibrio del organismo.
Cuando ese equilibrio se rompe, el exceso de cortisol altera genes vinculados al sistema inmune y a la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse. Esta habilidad es fundamental para enfrentar situaciones nuevas y, como explica el Dr. Hernández, para la recuperación tras lesiones cerebrales.
Sobre la relación entre estrés y enfermedades graves del cerebro, el Dr. Hernández señala:
“El estrés crónico provoca una elevación sostenida del cortisol y otras catecolaminas, lo que genera hipertensión arterial persistente, disfunción endotelial e inflamación sistémica. Esto puede contribuir por ejemplo a la formación y ruptura de aneurismas, y aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares (ACV), tanto isquémicos como hemorrágicos.”
Además, agrega que el estrés afecta hábitos como el sueño y la alimentación, y dificulta el control de enfermedades como la diabetes e hipertensión, aumentando así el riesgo de patologías cerebrovasculares. Por eso, cuidar la salud mental es también cuidar el cerebro.
Lesiones cerebrales: un riesgo muchas veces inevitable
Otro factor que compromete la salud cerebral son las lesiones, que pueden producirse por golpes, caídas o accidentes de tránsito, alterando de forma transitoria o permanente el sistema nervioso.
“Dependiendo de su severidad, una lesión puede producir desde una conmoción cerebral leve hasta daño axonal difuso o hematomas intracraneanos con riesgo vital. A largo plazo, estas lesiones pueden afectar la memoria, la capacidad de atención, el control emocional, el lenguaje o el movimiento.”, explica el Dr. Hernández.
Tras un traumatismo, se desencadena una compleja cascada de eventos neurometabólicos que pueden generar inflamación, hemorragias, edema cerebral y riesgo de isquemia secundaria.

La buena noticia es que aquí entra en juego la neuroplasticidad: “El cerebro intenta reorganizarse, reclutar otras áreas o circuitos y, en algunos casos, formar nuevas conexiones sinápticas. Este proceso puede durar semanas, meses o incluso años, y se ve favorecido por la rehabilitación temprana y continua.”
Algunos factores clave para una buena recuperación son:
Edad: los pacientes jóvenes tienen mayor capacidad de neuroplasticidad.
Severidad de la lesión: traumatismos leves suelen tener mejor pronóstico.
Atención médica oportuna: una intervención rápida puede prevenir daños mayores.
Rehabilitación interdisciplinaria: kinesioterapia, terapia ocupacional, fonoaudiología y apoyo neuropsicológico son fundamentales.
Estado de salud y apoyo social: la contención familiar mejora la adherencia al tratamiento.
Neurocirugía: más allá de los traumatismos
La neurocirugía no solo interviene en lesiones traumáticas. También es clave en casos de tumores cerebrales, epilepsia resistente y algunos trastornos psiquiátricos severos.
Por ejemplo, ante un tumor cerebral, la cirugía permite extirpar tejido anormal, aliviar la presión intracraneana y preservar funciones neurológicas esenciales.
En epilepsia resistente, procedimientos como la amigdalohipocampectomía pueden controlar o incluso curar las crisis, mejorando la calidad de vida y la capacidad laboral.
En situaciones muy específicas, también existen intervenciones quirúrgicas para trastornos psiquiátricos graves y refractarios, como explica el Dr. Hernández:
“Estas cirugías son excepcionales y deben ser evaluadas por comités multidisciplinarios ético-clínicos, pero muestran cómo la neurocirugía puede intervenir también en la frontera entre neurología y psiquiatría.”
Proteger funciones cerebrales clave
En algunas intervenciones, el objetivo principal es preservar funciones como el lenguaje, la memoria o el movimiento. El Dr. Hernández detalla:
“Cuando un tumor, una malformación o una lesión se ubican en zonas cerebrales ‘elocuentes’ (como la corteza motora, áreas del lenguaje o la región del hipocampo), se planifica una cirugía vigil o una resección con mapeo cortical funcional.
El objetivo no es solo extirpar la lesión, sino hacerlo protegiendo al máximo las funciones críticas. Esto puede requerir despertar al paciente durante la cirugía, para evaluar lenguaje, movimiento o comprensión en tiempo real.”
Hábitos para proteger tu cerebro
Proteger tu cerebro es una tarea diaria. Algunas recomendaciones prácticas son:

- Haz ejercicio: la actividad física favorece la agudeza mental, reduce el riesgo de Alzheimer y mejora el estado de ánimo.
- Mantén la vida social activa: reunirte con amigos y familia ayuda a evitar la depresión y la soledad.
- Descansa bien: dormir entre 7 y 9 horas diarias es clave para la memoria y la concentración.
- Desafía tu mente: leer, resolver crucigramas o aprender cosas nuevas estimula la función cerebral.
- Cuida tu consumo de sustancias: usa medicamentos solo según indicación médica y limita el consumo de alcohol.
La salud cerebral no depende solo de factores médicos, sino también de nuestras decisiones diarias. Dormir bien, mantener vínculos sociales, controlar el estrés y actuar frente a señales de alerta puede marcar la diferencia entre un cerebro sano y uno vulnerable.
Cuidar tu cerebro hoy es proteger tu calidad de vida mañana.
